LA MEJOR PREDICA ES EL EJEMPLO

Si queremos demostrar algo, como lo que somos o, especialmente, mostrar nuestros logros, ideales o pensamientos, la mejor menara de hacerlo es, seguramente, con el ejemplo. De lo contrario, sería hipocresía.
Como sabemos, la hipocresía es, sin dudas, el peor de los defectos, ya que para serlo hay que reunir una serie de “condiciones” puesto que el hipócrita es, por sobre todas las cosas, una persona falsa, y esto encierra además, otra cantidad de “virtudes”, como por ejemplo ser mentiroso, envidioso, rencoroso, embustero; es aquel que engaña a los demás para obtener solo su propio beneficio; es también ventajero, especulador, siempre se fija en su conveniencia sin importarle las consecuencias y mucho menos los demás.
Ahora bien, si realmente queremos ser personas transparentes y confiables, debemos ser, principalmente coherentes y consecuentes entre lo que decimos con lo que pensamos y, fundamentalmente, con lo que hacemos.
Por eso mismo, la mejor manera de demostrar lo que realmente somos, es hacerlo con hechos concretos, reales, palpables.
¿De que sirve decir que somos honestos, leales, buenas personas si en la práctica no lo demostramos o hacemos exactamente lo contrario? No debemos decirlo, debemos hacerlo y serlo. Luego, nuestros actos, serán los mejores ejemplos que podamos exhibir.
Como contra cara a esto, podríamos citar dos frases tan antiguas como reales: "No mires la paja en el ojo ajeno, sino la viga en el propio" y "Haz lo que yo digo pero no lo que haga"
La primera frase nace de un fragmento bíblico (Mateo 7:1-5) que dice:
“No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os serás medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.”
Sobre la segunda frase, de la que se desconoce su autor, podemos decir que se ha convertido en un emblema oral de la hipocresía, ya que es, sencillamente, un preciso ejemplo del doble discurso, que es -y no por casualidad- la contra cara del ejemplo con el que debemos predicar.